Pautas para prevenir la morosidad nacional e internacional

Pautas para prevenir la morosidad nacional e internacionalEl retraso en el pago de las facturas emitidas supone un aumento del 0,5% del coste financiero de una empresa. Es por lo tanto muy importante gestionar y controlar la facturación y los créditos para minimizar los riesgos de morosidad, ya sea a escala nacional o internacional. Se pueden establecer pautas preventivas y acciones una vez ha vencido la factura, para evitar que un retraso en el pago se transforme en un caso de morosidad.

Estrategias de prevención

  •  Recabar información completa del cliente: datos fiscales, correo electrónico, los teléfonos y personas de contacto (no solamente los datos de nuestro interlocutor habitual, sino también los del departamento de compras, de administración y finanzas o contabilidad).
  • Solicitar una provisión de fondos o un pago a cuenta antes de iniciar cualquier trabajo.

  • Establecer un presupuesto o una orden de compra detallados (si es necesario, en forma de contrato redactado) donde figuren las características del servicio o los productos que se venden, las condiciones de venta (lugar de prestación del servicio, lugar de entrega), fecha de recepción y entrega, importe total, vencimiento, método de pago). Ambas partes deberán firmarlo en prueba de conformidad.

  • Adjuntar las condiciones generales de venta con una cláusula que determine las acciones que se emprenderán en caso de retraso en el pago (por ejemplo, los intereses de demora) y otra en la que se especifique el tribunal competente en caso de litigio.

  • Tras la realización del servicio o el envío de la mercancía, comprobar la correcta recepción y la conformidad por parte del cliente. Asimismo, cerciorarse de que el cliente, y si procede el departamento correspondiente, ha recibido la factura y que los datos que figuran son correctos.

  • Entre 15 y 5 días antes del vencimiento, contactar el cliente para cotejar cómo se realizará el pago.

Medidas en caso de retraso

Ante un retraso, contactar al cliente de inmediato para averiguar qué ha ocurrido. Se aconseja no dejar pasar más de 10 días tras el vencimiento para iniciar la reclamación. Aunque puede ser un simple despiste o un retraso mínimo, debe definirse un plan de pagos e insistir ante el cliente hasta que liquide la o las facturas pendientes.

No debe perderse el tono cordial y educado; en esta fase la gestión se hace de forma amistosa y se confía en la buena voluntad del cliente por liquidar los pagos. Es primordial tener siempre a mano la información detallada de la factura que reclamamos para contraargumentar las posibles excusas del cliente para no pagar.

Si bien contactaremos a menudo al cliente por teléfono, es importante guardar constancia por escrito de los recordatorios que se envían, tanto de los honorarios devengados como de los honorarios pendientes.

Acciones en caso de morosidad

Cuando el cliente sigue dando largas o es imposible localizarlo, deben emprenderse acciones. A partir de este momento, las reclamaciones de los honorarios adeudados deberán hacerse siempre por escrito y remitirlas de forma fehaciente (mediante burofax, con certificación de contenido).

Puede ser necesario acudir a servicios profesionales, ya sean bufetes de abogados o una empresa especializada en la gestión de recobros, para dar más fuerza a nuestra reclamación. Ellos son expertos y podrán ejercer una mayor presión ante el cliente moroso.

Antes de iniciar una reclamación judicial, las partes pueden someterse a un arbitraje. Si esta última vía no funciona, habrá que emprender acciones legales. Para cuantías inferiores a 250.000 euros puede recurrirse al proceso monitorio, un recurso práctico porque no es necesario contar con un abogado o un procurador en la petición inicial. Desde 2008, incluso existe la versión europea, el proceso monitorio europeo, al que uno se puede acoger para hacer frente a impagos de clientes de otros países miembros (a excepción de Dinamarca).

Sin embargo, especialmente en el ámbito internacional, los expertos aconsejan contar con los servicios de un despacho de abogados en el país de destino, ya que ellos son los mejores conocedores de la legislación vigente en ese estado y podrán emprender acciones in situ que sean efectivas.

En conclusión, es importante tener presente que se incrementa la dificultad de cobrar facturas cuyo pago se demora mucho; es pues primordial anticiparse y reaccionar con celeridad. Por otra parte, debe recordarse también que es más fácil localizar al cliente durante la ejecución del trabajo y cuando la factura no ha vencido.

Artículos de interés:

Cinco consejos para el recobro de facturas impagadas en la pyme, en el blog de Infodempresa

Foto: ppdigital, vía Creative Commons

Pautas para prevenir la morosidad

¿Conocéis a algún autónomo que no haya sufrido nunca un retraso en el pago de un encargo? Es un hecho que se produce con cierta frecuencia, más de lo deseado, y algunos retrasos incluso derivan en casos flagrantes de morosidad, cuando el cliente deja de pagar.

Los motivos alegados son variopintos, pero a menudo es por falta de liquidez, a veces provocada por retrasos en cobros o una mala gestión de la contabilidad y el flujo de caja de la empresa. Sea como sea, a nadie le gusta dejar de cobrar un trabajo realizado y entregado, y podemos adoptar una serie de medidas para prevenir la morosidad.

¿Qué podemos hacer para protegernos contra la morosidad?

1) Formalizar el encargo por escrito

Redactar un presupuesto y un encargo por escrito y solicitar al cliente que nos lo devuelva firmado es el primer paso para iniciar con buen pie un proyecto. Aunque definamos las condiciones y características oralmente con el cliente, mejor plasmarlo todo por escrito. Por seguridad y comodidad para ambas partes: será mucho más fácil acogerse a lo pactado y tener más argumentos de peso en caso de malentendidos o problemas. En caso de impago, y ante la posibilidad de tener que presentar un proceso monitorio, es una prueba de que ha habido una relación comercial.

2) Solicitar una provisión de fondos antes de iniciar el proyecto

Si el importe es pequeño, podemos arriesgarnos y prescindir del pago a cuenta, pero para montos cuantiosos, mejor curarse en salud. Personalmente, recomiendo que nunca sea inferior al 40%.

En proyectos muy voluminosos y que duran varios meses, es recomendable acordar una segmentación del pago: cantidades mensuales, o tres pagos: uno al inicio, una a la mitad y otro a la entrega, o a 30 días de la última entrega, por poner un ejemplo. Como contraprestación, podemos programar entregas parciales al cliente; es una situación positiva para ambas partes.

Lo que hacen profesionales de otros sectores puede servirnos de inspiración. Los desarrolladores de aplicaciones informáticas y los diseñadores de sitios web suelen solicitar un pago a cuenta antes de iniciar el proyecto y pagos parciales a medida que avanza el proyecto.

3) Confirmar la recepción de toda la documentación

Puede ocurrir que un fichero se pierda por el ciberespacio o que se cuee en la carpeta de correo basura del cliente. Sea como sea, y a falta de parecer pesados, solicitad siempre que os confirmen la recepción de la documentación (presupuestos, encargos y por supuestos, proyectos). Es una manera de evitar sustos innecesarios y que puedan utilizar como excusa la manida frase de «es que no lo hemos recibido en el plazo acordado». Además, hacer el seguimiento de un trabajo realizado es una muestra de profesionalidad.

Un cliente no me paga, ¿y ahora qué?

Llevar al dedillo la contabilidad y recordar la fecha de vencimiento de las facturas es importante. Pasado el plazo estipulado de pago, debemos ponernos en contacto con el cliente. Primero por correo electrónico, pero si no contesta, una llamada puede bastar para poner solución al problema.

Si sigue sin pagar, podemos proceder a enviar recordatorios: quincenales, semanales, cada dos días, todo depende del importe y del retraso en el pago. Sed educados, pero firmes. A fin de cuentas estamos exigiendo algo que es nuestro: el pago del trabajo realizado.

Si el cliente no da señales de vida, da largas o simplemente pasa del tema, los entendidos aconsejan que primero le avisemos que nuestro abogado va a ponerse en contacto con él. A veces con esa amenaza basta. Otras, hay que hacerle llegar una carta redactada por un abogado. Y si sigue en sus treces, podemos acogernos al proceso monitorio. Para cuantías inferiores a 30.000 euros es un recurso que la justicia pone a nuestra disposición, muy práctico porque no es necesario contar con un abogado o un procurador en la petición inicial. Desde 2008, incluso contamos con su versión europea, el proceso monitorio europeo, al que podemos acogernos para hacer frente a impagos de clientes de otros países miembros (a excepción de Dinamarca).

Ahora bien, hay señales que deberían hacer saltar nuestras alarmas. Debemos disponer de toda la información fiscal y de contacto del cliente (dirección, teléfono, CIF o NIF, web propia). Si se trata de una empresa, la ausencia de uno de estos datos es muy mala señal. La negativa de un cliente a firmar el presupuesto o el encargo y a pagar una provisión de fondos es una clara muestra de que puede demorarse en el pago o no ejecutarlo. Y cuando el retraso ya es fehaciente, la ausencia de contestación a nuestros mensajes en un lapso de tiempo prudente, o el hecho de no contestar a nuestras llamadas son una señal inequívoca de que nos encontramos ante un moroso. Hay que armarse de paciencia, no desistir, seguir los pasos y recordar siempre que estamos reclamando el pago por un servicio prestado.

Siempre es preferible intentar resolver el impago de forma amigable, sin tener que recurrir a la burocracia, pero es bueno saber que existen vías legales para poder actuar sin tener que desembolsar dinero. Bastante perdemos con el tiempo invertido en el seguimiento del cliente que se demora en el pago de sus facturas.

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