Tres pautas para reducir los costes de traducción

Cuando una empresa decide lanzarse al mercado exterior, debe decidir qué documentación traducir o adaptar y cómo hacerlo. Es una inversión necesaria si quiere iniciar con buen pie la comercialización de sus productos o servicios en los países de destino.

Tres pautas para reducir los costes de traducciónTal y como comentamos en la entrada sobre sitios web multilingües, no siempre es necesario traducirlo todo por igual en cada idioma. La labor de un buen proveedor de servicios lingüísticos es asesorar al cliente antes de iniciar el proceso. A continuación detallamos tres estrategias para aligerar la partida presupuestaria reservada a la traducción o la adaptación de los materiales corporativos.

1) Analizar la documentación y el objetivo de la comunicación

Saber a qué público van destinados los documentos y con qué finalidad se quieren traducir puede ser de gran ayuda para disminuir el volumen de páginas o palabras objeto de traducción. Hay información que no es pertinente para la clientela extranjera. Otras veces, una versión sintética o una selección de la documentación es suficiente. La adaptación es más laboriosa, pero el coste puede verse reducido.

Por otra parte, el coste de traducción o adaptación no debería ser el mismo para un documento reservado para uso interno en la empresa que para los folletos destinados a una campaña publicitaria, por poner dos ejemplos. Las repercusiones en caso de error no son las mismas, ya que si bien el documento interno lo leerá un número reducido de personas, el folleto puede pasar por centenares de manos (de clientes) y un error podría minar la reputación de la empresa y las perspectivas de negocio. Por lo tanto, el estilo deberá ser mucho más preciso y la redacción más cuidada en el segundo caso que en el primero. En este caso, es muy aconsejable que un corrector profesional, experto en la cultura y el idioma en que está escrito el original y nativo de la lengua a la que se versa el texto, revise con gran atención el contenido traducido.

2) Una imagen vale más que mil palabras

No siempre hacen falta vocablos para expresarse. Mapas, diagramas y pictogramas pueden ser de gran ayuda, son más fáciles de entender para el lector extranjero y, además, no deben traducirse. Solo habrá que tener sumo cuidado, especialmente en el caso de las imágenes, en escoger motivos que no puedan suponer una ofensa o una molestia para el público al cual están destinados.

3) Depurar el contenido

Evitar las redundancias, los pasajes superfluos, las perífrasis y los archisílabos reduce drásticamente el número de palabras de un texto. Con un estilo directo y preciso, se evitan posibles errores y se consigue el propósito marcado.

Contar con el asesoramiento del proveedor de servicios lingüísticos es una oportunidad única para definir con exactitud qué es necesario y qué es superfluo. Si se definen con concreción las características y la finalidad de los textos corporativos y se mejora la redacción, se puede conseguir reducir el número de palabras y se rebajarán así los costes de traducción y adaptación. El trabajo en equipo desde el inicio repercutirá positivamente en la imagen de la empresa en sus intercambios internacionales y en su partida de gastos.

Artículos relacionados:

Fotografía de Mconnors, vía Creative Commons

0 responses... add one

Estoy de acuerdo con tu explicación, pero tengo una duda: efectivamente, al resumir, sintetizar y analizar lo que se debe o no traducir, se reducen los costes de traducción, pero se incrementan los de asesoría lingüística, ¿ no?
Por otro lado, no creo que deba ser el traductor o asesor lingüístico el que decida qué tipo de información es o no es relevante, si no el propio cliente que, al fin y al cabo, es el que conoce a fondo su negocio.
Enhorabuena por tu blog!
Isabel C.C

Hola, Isabel:

Hay documentos y temas en los que es relativamente sencillo ver por dónde podemos recortar y siempre deberemos determinar qué contenido debe traducirse en consenso con el cliente. Antes de hacer un presupuesto, es conveniente llevar a cabo un análisis previo de la documentación. Y podemos hacerle propuestas al cliente. No será definitiva, por supuesto, ya que es él quién debe decidir qué quiere incluir o no, pero valorará muy positivamente las molestias que te tomas en intentar reducirle el gasto.

Por ejemplo, en un web corporativo puede ser relativamente fácil saber qué información puede ser irrelevante para la clientela extranjera. Hay información muy específica para un mercado concreto que deja de tener su razón de ser para los mercados exteriores. O descripciones que no hacen falta que sean tan detalladas.

Y ese pequeño plus puede hacer que el cliente se decante por tu propuesta frente a otra cuyo precio básico puede ser más barato, pero que por volumen le resultará más cara.

Leave a Reply

*