Fuentes de documentación: hay vida más allá de Google

Antes de abordar una traducción, y más cuando se trata de un texto especializado, todo traductor debe contar con conocimientos sobre el tema. Por ello, la fase de documentación y creación de un glosario, previa o en paralelo a la fase de traducción, es clave para realizar un trabajo de calidad y con la terminología adecuada. Estos consejos también son extrapolables a los intérpretes, que deben prepararse muy bien para no quedarse en blanco ante el micro.

Las nuevas tecnologías nos han facilitado mucho la vida, ya que podemos tener acceso a un sinfín de recursos a través de Internet. Ahora bien, hay que tener mucho cuidado con las fuentes que se consultan, ser críticos y, siempre que sea posible, contrastar la información con expertos en el tema o el cliente.

Pongamos un ejemplo: una empresa francesa del sector de las energías renovables nos encarga la traducción de su web y catálogo de productos al español, porque quiere internacionalizarse en España y los países de América Latina de habla hispana.

Google
El buscador por excelencia

Podemos realizar una primera búsqueda con Google con palabras clave, pero habrá que acotar la información que nos presente para dar con fuentes fiables. Sin embargo, antes de lanzar la búsqueda, debemos cerciorarnos de que la página de Google aparece en el idioma que queremos. Para ello, en la página de inicio, clicad sobre «Herramientas del idioma» y escoged el idioma en el listado que aparece en la parte inferior. Es la única manera de asegurarnos de que los resultados nos remiten a páginas y sitios escritos originalmente en esa lengua y no a sitios españoles con contenido en esa lengua.

¿Dónde podemos encontrar datos fiables?

Empresas del sector: los sitios webs de empresas del mismo sector de España, Argentina y México, por poner tres ejemplos, serían una buena fuente para recabar terminología en el idioma de llegada.

Portales sectoriales e instituciones públicas: aquí podemos encontrar directorios de empresas y algunos incluso incluyen un vocabulario o un glosario que nos puede venir de perlas.

Blogs especializados: cada vez abundan más los blogs y sin lugar a dudas podremos encontrar bitácoras de aficionados o expertos en las energías renovables, cuando no de empresas del sector, en las que podremos extraer información preciosa para nuestra traducción.

Diccionarios y glosarios en línea: las bases de datos terminológicas de organismos públicos internacionales, europeos y autonómicos (Termium, IATETermcat, Euskalterm, etc.) nos permiten buscar términos concretos y sus equivalentes en otros idiomas.

Lo mejor siempre es contrastar los términos que encontremos en varias fuentes, para asegurarnos que la palabra que hemos escogido es la que se usa con más frecuencia en el idioma de destino. En el caso que poníamos de ejemplo, también habrá que andarse con ojo con las variantes dialectales, ya que podría darse el caso de que un término francés tuviese diferentes equivalentes españoles según el país de destino.

Asimismo, ante una duda persistente, consultad a vuestro cliente. Es un experto en la materia y quizá pueda dirigiros a una fuente de información que desconocíais. Además, seguro que agradecerá que le preguntemos por un término rebelde, porque tanto su objetivo como el nuestro es que la información se transmita de forma clara y precisa al público a quién va dirigida.

Finalmente, no hay que dejar de lado las fuentes en papel, ya que muchas obras de referencia interesantes y fiables no tienen una versión electrónica colgada en la red y es bueno tenerlas presentes.

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